sábado, 15 de septiembre de 2012

Ordenando ideas

Soñé contigo la otra noche. Nos reencontrábamos y fingíamos que nada importaba. Después caían rayos, la luna engordaba y ahí acababa todo. Me he despertado llorando; el sol seguía entrando por la ventana. La típica culpa del borracho sobrio. Desorientación, arrepentimiento y promesas vacías sobra un cambio de vida. Una cosa es cierta, el alcohol nunca borra, sólo acentúa. Escribo igual que a los quince y es frustrante hasta límites insospechados. Siento que todo el mundo me odia y se rie amargamente de mi. Por eso me lamento por ellos. Por eso me siento mal después. Otro sitio nuevo que amar y ser odiada. No quiero ser, quiero seguir siendo. Llevo unos cuantos días andando a la pata coja y no paro de caerme. Es realmente difícil subir las cuestas cuando te falta una mitad. Y esta ciudad está llena de ellas. 

Te extraño amargamente. No vuelvas aunque te reclame a gritos, déjame sangrar. O cosamos nuestros ombligos, y acabemos con esto. Pero que acabe de una vez. Y que empiece todo de nuevo. 

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